Pinceladas sobre el vínculo


Continuamente utilizo facebook e Instagram para escribir pequeñas reflexiones, ideas... pero entiendo que no todos los que me seguís utilizáis estas redes sociales, así que he decidido hacer una recopilación de aquellas pequeñas publicaciones que me parecen interesantes y que me gustaría que pudiérais encontrar con facilidad. A estas entradas voy a llamarlas "Pinceladas sobre" y en este caso voy a compartir las que tratan sobre el vínculo.



El primer diálogo con el bebé es tónico emocional, en las situaciones cotidianas (el baño, el cambio, la alimentación, el sostén...) a través del tacto, la mirada, la atención, la anticipación, la escucha... podemos crear un diálogo bidireccional entre el bebé y el adulto, y por lo tanto, relación.

En las dos escenas del dibujo se observa una situación cotidiana en la que el adulto y el bebé comparten tiempo juntos, pero el diálogo tónico emocional, la relación y la vivencia de la situación que se genera en cada una de ellas son diferentes.


En función de cómo tratemos y atendamos las necesidades de los bebés durante los primeros meses, estos generarán un tipo de vínculo u otro. 


Es cierto que los adultos no podemos satisfacer todas las necesidades, pero después de cientos de intercambios durante los primeros meses, según lo predecibles, coherentes y repetidas que sean nuestras respuestas el bebé creará un patrón de apego con cada una de sus figuras de referencia (que al principio serán pocas, una o dos) con lo que puede esperar de los demás y cómo se ve a sí mismo.


Ante una señal del bebé (como puede ser el llanto) el adulto puede percibirla, interpretarla teniendo en cuenta las necesidades del bebé y darle una respuesta acorde, así tras muchos intercambios, se creará lo que se conoce como un vínculo de apego seguro, a su vez, él se percibirá como válido, importante, sentirá que las personas son de fiar y el entorno es seguro, lo que favorecerá la autonomía.


Pero ¿qué ocurre si el adulto no da respuesta a esas señales? (Bien porque su atención esté en otro lugar, esté viviendo un duelo, depresión, no sepa interpretar sus señales...) pues que a largo plazo, el bebé dejará de emitirlas, pero no porque no las necesite, sino porque sabe que no va a recibir nada a cambio. 


¿y ante respuestas no estables por parte del adulto? El bebé para garantizar la respuesta demandará de una forma intensa, ante el miedo que le genera perder a su figura de referencia.


También puede ser que el adulto se asuste ante las demandas del bebé, se angustie y que responda de forma no adecuada (incluso con abuso) por lo que el bebé se sentirá confundido porque no encontrará la respuesta que necesita y además sumará las angustia del adulto.

Durante los primeros meses, el bebé irá generando un patrón de apego para cada figura de referencia que interaccione regularmente con él (siendo habitualmente 1 o 2) según la respuesta a las necesidades que reciba, la estabilidad de las mismas, la predictibilidad y el trato, después de cientos de intercambios, así creará una imagen de cada una de esas figuras (estableciendo a su vez un vínculo u otro) y de esa imagen con su figura de referencia, generará la imagen de sí mismo ¿cuánto merezco recibir?, ¿cuánto valgo? Y con ella, su autoestima. 


De este vínculo con la figura de referencia tan vital para la supervivencia de nuestra cría humana, y de la imagen de sí mismo; se irá generando la forma de relación con los demás, con los iguales, con otros adultos... 


Por eso es tan importante generar vínculos seguros con los niños y niñas, porque los cuidados, atenciones, trato y relación durante el primer año va a influir en la imagen de sí mismo que cada uno construye y las relaciones e interacción social posterior.


Pero ojo, esta relación no es determinante, las relaciones reparadoras posteriores, el trabajo personal sobre la propia historia cuando somos adultos, la toma de conciencia, la terapia... pueden ayudar en el cambio.



Como figura de referencia, sé puerto; desde el que puedan marchar a descubrir lo que la vida les espera, sabiendo que encontrarán siempre la seguridad y protección cuando las cosas no vayan del todo bien.

Favoreciendo un vínculo de apego seguro y contribuyendo a su salud mental.


El vínculo de apego es diferente a otros vínculos como los de amistad.


El vínculo de apego comienza a gestarse muy pronto, ya en el embarazo y nos acompaña durante toda nuestra vida, aunque sus manifestaciones son diferentes en función del momento del ciclo vital porque las herramientas de las que disponemos y nuestras necesidades van cambiando, pero la función es siempre la misma, encontrar la protección, seguridad cuando estamos debilitados, asustados o tristes.


Es asimétrico ¿esto qué quiere decir? que en la infancia es el adulto el que le proporciona sostén, seguridad y protección al niño o a la niña (ellos no pueden cargar con ese peso, aunque hay situaciones en las que ocurre 😥) siendo otro adulto (o adultos) el elegido para proporcionar el sostén al cuidador (porque lo continúa necesitando en determinados momentos) personas especiales (porque podemos tener otros muchos vínculos afectivos en nuestra vida, que no de apego) a las que acudir en los momentos en que más lo necesitamos. Y en ninguna etapa vital es signo de dependencia, al revés, es un rasgo de salud mental saber que contamos con personas que para nosotros están disponibles y acudirán en nuestra ayuda si lo necesitamos.


En cambio, los vinculos de amistad, los que pueden darse entre los niños y niñas (y la mayoría de los que contamos en la edad adulta) son simétricos, voluntarios, recíprocos y ¿recordáis la ilustración de la figura de referencia como puerto? a los que acudir cuando nos sentimos seguros, en calma (cuando el barco zarpa buscando aventuras), cuando no está activado el sistema de apego.


Porque con el sistema de apego activado, estamos buscando lo más básico, garantizar la supervivencia, nuestra atención no está en relacionarnos con otras personas (vínculos afectivos), ni en divertirnos, jugar o estudiar, y para retomar la calma, lo que necesitamos es a nuestra figura de referencia cerca, que nos aporte el sostén en los momentos difíciles.


Una separación de lo que nos es seguro o conocido, un contexto nuevo en la escuela, una situación que nos produce miedo y que es nueva para todos, va a activar nuestros sistemas de apego.



El miedo activa el apego, pero como ya sabéis hay diferentes tipos de vínculos de los que ya os he hablado en más de una ocasión (en mi libro Ser niños, tenéis un vídeo en mi canal de YouTube, en diferentes entradas...) en esta ilustración os muestro el circuito que se desencadena ante una amenza cuando hay un vínculo de apego seguro y cuando este es lo que se conoce como un apego desorganizado. 


Ante una emoción de miedo, de amenaza, el sistema de apego se activa, el niño o la niña recibe una señal para huir de esa fuente de miedo seguida de la de buscar a la persona que le proporcione cuidado, seguridad, calma; porque la figura de referencia actúa, entre otras funciones, como esa corteza prefrontal aún inmadura. 


Pero ¿qué ocurre cuando quien debería  ser la fuente de tu seguridad y calma es al mismo tiempo la fuente del miedo y la amenaza?, ¿qué ocurre cuando hay malos tratos, abuso...? Pues que el sistema de apego se activa igualmente y el niño o la niña recibe la misma señal de huida seguida de la búsqueda de su figura de referencia para encontrar la calma y seguridad, pero esta es incompatible, porque es la fuente del terror.

Una parte de sí le pide huir de esa persona, a la vez que otra parte de sí le pide acercarse.

Ante esta situación el niño o la niña puede encontrar diferentes estrategias para sobrellevarlo, como es la disociación; pero sin encontrar algo tan necesario como es la seguridad a través la figura de referencia.


La "mentalización" es la capacidad de tener en mente la mente del infante, es decir, poder ver y comprender nuestros propios sentimientos y pensamientos, a la vez que los sentimientos y pensamientos de la otra persona, de esta forma, las respuestas que podemos ofrecer al niño o niña son más sensibles y acordes a las necesidades.

La mentalización es ya importante en las interacciones con los bebés, verlos como seres con sus propias emociones y pensamientos que pueden no coincidir con los nuestros, pero ambos legítimos, preguntarnos por el "por qué" el bebé se comporta de cierta manera.

La mentalización por parte del adulto que cuida de la criatura está relacionada con la creación de un vínculo de apego seguro porque somos sensibles a sus necesidades y emociones, creándose una comunicación.



Es posible que hablar de vínculo de apego nos evoque a bebés y primera infancia, pero la implicación va más allá, porque es la base de la imagen de nosotros mismos, de nuestra autoestima, de cómo interpretamos el mundo, a los demás y de cómo nos relacionamos. 


Las investigaciones en relación al apego y sus implicaciones abordan todo el ciclo vital (si os interesa el tema podéis encontrar en mi perfil bibliografía al respecto). En la ilustración os dejo un resumen de la relación entre los diferentes tipos de vínculo creados en la primera infancia y la respuesta dada generalmente cuando se percibe dolor en otro niño o niña en la etapa primaria. 

La empatía, la mentalización, la regulación emocional, los cuidados sensibles, la respuesta a las necesidades... se construyen en la primera infancia y permiten poner en marcha y ofrecer, más tarde, aquello que se ha recibido por parte de los adultos.



Cuando leo, estudio y organizo ideas, hacer dibujos me ayuda a visualizar conceptos y contenidos que a través del texto me resultan abstractos, después comparto algunos de ellos con vosotros por si os pueden resultar de utilidad 😊.


Leyendo el libro Apego y Crianza, las autoras explicaban dos formas que nos sostienen y nos hacen aproximarnos a las experiencias. 


Podemos enfrentarnos a la vida en modo crecimiento (con un esqueleto interno que nos sostiene💀) o en modo defensa (con un caparazón, un exoesqueleto, como un bicho bola🐝🦗)


Cuando los adultos están disponibles para el niño o la niña, responden a sus necesidades, lo hacen de forma predecible, con respeto, su amor es incondicional... se generan vínculos de apego seguros, siendo la base de estos niños y niñas la confianza, confian en los demás, en ellos mismos y en el mundo, de esta forma se muestran abiertos e interesados en las nuevas experiencias y relaciones porque ven esas situaciones como oportunidades, sus emociones pueden expresarlas porque saben que van a ser escuchadas.


Pero cuando el adulto no responde a las necesidades de los niños y niñas, la base que estos generan es la de la desconfianza, percibiendo las situaciones, las personas como posibles amenazas, lo que les hace destinar su energía a estar en alerta para protegerse de lo externo ¿cómo se protegen? Creando un "caparazón", un exoesqueleto (metafórico) a través de diferentes tipos de defensas. Pero como las necesidades, las emociones, los sentimientos, no desaparecen aunque no los expresemos, continúan en movimiento dentro del caparazón, sin poder salir.


Volvemos a tomar conciencia del papel tan importante del adulto en relación a la infancia, los cuidados, la atención que ofrece, la respuesta... y de cómo si no tomamos conciencia las cadenas se repiten.


Y tú ¿te mueves por la vida con caparazón o con esqueleto interno? 

 


Laura Estremera Bayod 


Si quieres profundizar en este y otros temas puedes leer mi libro Ser niños acompañados


También puedes realizar mi curso on line de la Escuela Bitácoras "Acompañamiento emocional" o asistir a las charlas para familias y talleres para profesionales que realizo por diferntes puntos geográficos.